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YEMANJA
Una torre de roca gris levantándose sobre praderas verdes al final del día, con un refugio pequeño y un camino de tierra al pie

Italia · Montaña

Dolomitas

Primera luz, roca vertical y un silencio que se te queda dentro.

Caminar · Refugios · Próximamente

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Arriba a las siete. Los demás llegan cuatro horas tarde.

Vamos cuando se acaba el verano, y no es casualidad. Agosto ya se ha llevado a la gente, los senderos están secos, los refugios siguen abiertos pero ya con sitio en las mesas, y a las siete de la mañana hace el frío justo para que apetezca andar. La montaña se queda otra vez en su tamaño.

La forma es esta: subir por nuestro pie y comer en un refugio, donde te sirven lo que hay. Y bajar al valle a cenar en un sitio de seis mesas, sin carta en inglés.

No hace falta ser alpinista. Hace falta estar en forma razonable, aguantar un día largo y no tener el vértigo por las nubes: eso último lo hablamos antes. Te llamamos y te decimos con franqueza si este es tu viaje o si mejor esperas al siguiente.

Un lago verde y quieto con la pared de la montaña reflejada entera, y a un lado una caseta de madera con barcas amarradas

Cómo son los días

Días largos, poca gente y ninguna prisa por bajar.

  • Se madruga

    La montaña está mejor temprano: la luz, la temperatura y el sendero para ti solo. Desayuno de pie, mochila y a andar antes de que el sol acabe de salir. Los que suben a las once ya se han perdido lo bueno.

  • Cada uno a su paso

    No hay ritmo que aguantar ni cima que fichar. Quien quiere apretar, aprieta; quien prefiere parar cada media hora a mirar, para. El día está igual de bien si termina arriba que si termina en la terraza del refugio con las botas quitadas.

  • La seguridad no se improvisa

    Material completo, parte meteorológico leído cada mañana y quien va delante sabe exactamente lo que hace. A final de verano una tormenta se monta en una hora: si el día no está para subir, no se sube. Eso no es un plan B, es parte del plan.

  • Refugio, sopa y conversación

    Se come donde se pueda parar. Y ahí, con las botas quitadas y las piernas cansadas, pasa lo mejor del día sin que nadie lo haya programado. Alguna noche dormimos arriba, en literas, con el amanecer a cinco pasos de la puerta.

  • La roca se pone roja

    Lo llaman enrosadira y no es una leyenda para turistas: al caer el sol la piedra pasa del gris al rosa y luego a un naranja que parece encendido por dentro. Dura poco. Cuando empieza, se deja de andar y se mira. Punto.

  • El valle por la noche

    Bajamos a cenar donde cena la gente del sitio. Sin reserva, sin mantel blanco y con la sensación rara de haber estado en otro planeta esta misma mañana.

Por qué a final de verano

El mejor mes es el que casi nadie elige.

En verano estas montañas se llenan y en invierno se cierran. Entre medias hay unas semanas en las que el tiempo aguanta, el aire está limpio, el verde de los prados empieza a virar y los refugios te dan conversación porque ya no van con la lengua fuera.

Se paga con frío por la mañana y con la posibilidad de que un día se estropee y haya que cambiar el plan. Nos parece un cambio buenísimo.

Agujas de roca afiladas con la punta encendida de rosa y naranja por el último sol, mientras la parte de abajo ya está en sombra azul

Dolomitas

¿Te lo estás pensando? Hablemos diez minutos.

Déjanos tu nombre y tu teléfono. Te llamamos, te contamos cómo es esto por dentro y decides con calma. Sin insistir después, prometido.