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YEMANJA

Cómo viajamos

Sin prisa y sin itinerario cerrado. Manda el sol, la marea y las ganas.

Tres personas caminando por un camino de tierra a media tarde Tres personas subiendo por una ladera de montaña Cuatro caminantes por un sendero entre montañas

Por qué estos viajes

Esto empezó siendo nuestras vacaciones. No lo montaba nadie: nos íbamos y ya está.

Lo único que ha cambiado es que ahora puedes venirte.

Los viajes que salen son los que haríamos igual aunque no viniera nadie. Si un plan no nos apetece, no está. Parece poco filtro y tira abajo casi todo.

Quien va delante en la montaña lleva años yendo delante. En el agua igual, y debajo también. Se nota el día que alguien dice que hoy no se sale.

Lo que no se toca

Seis cosas que no cambiamos por nada.

  • Nunca viajamos con prisa

    Si para ver cinco sitios hay que ir corriendo, vemos tres.

    Y si un sitio pide quedarse un día más, se queda.

  • La experiencia por encima de la foto

    Las fotos son un regalo, no el objetivo.

    Nunca paramos un buen momento para conseguir una foto bonita.

  • Conocer el sitio, no solo visitarlo

    Comer donde come la gente de allí.

    Entender por qué las cosas se hacen como se hacen. Quedarse lo suficiente para que alguien te reconozca al día siguiente.

  • La naturaleza no es un parque de atracciones

    Se disfruta dejando la menor huella posible.

    Si vamos en grupos pequeños no es solo por el ambiente: es sobre todo por esto.

  • Nadie se queda fuera

    Nadie termina el viaje sintiéndose solo.

    Si pasa, lo hemos hecho mal nosotros.

  • Si no crea un recuerdo, sobra

    Cada actividad tiene que ganarse el tiempo que ocupa.

    Lo que solo sirve para llenar el programa, fuera.

Documentamos nosotros

Guarda el móvil. Ya lo hacemos nosotros.

La mejor señal de que un viaje está saliendo bien es que a nadie se le ocurre sacar el teléfono. Y la peor forma de conseguirlo es prohibirlo.

Así que lo resolvemos por el otro lado: alguien del equipo va grabando y haciendo fotos sin interrumpir nada, con la naturalidad de quien está dentro del grupo porque lo está. Tú no tienes que preocuparte de documentar nada mientras estás allí.

Lo que salga de esos días te llega cuando ya estás en casa. Suele ser el momento en que la gente se da cuenta de la cara que tenía.

Gente sentada alrededor de una hoguera de noche Un grupo preparando el fuego al caer la tarde Un grupo junto al fuego entre árboles, ya de noche

El grupo

Compañeros de aventura, no números de reserva.

Somos pocos por viaje. No por exclusividad: porque a partir de cierto número deja de ser un grupo y pasa a ser una excursión.

No hace falta nivel deportivo previo. Hay quien surfea desde los ocho años y quien se pone de pie por primera vez el martes. Lo que importa es la actitud: curiosidad, ganas y respeto por el sitio y por la gente que vive en él.

Lo que pasa después no lo organizamos nosotros y es lo mejor de todo: gente que se conoció en una hoguera y sigue quedando años más tarde, planes que salen sin que tengamos nada que ver.

Si algo de todo esto te suena, probablemente eres de los nuestros. Déjanos tu número y lo hablamos.

«La vida ocurre cuando dejas de mirar el siguiente paso.»

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